Cuento del desapego

 

CUENTO DEL DESAPEGO

 

 

    Había un hombre muy ansioso y avaricioso lleno de problemas y angustias.

 

    Desesperado de ver que no podía remediar su situación, fue a pedir ayuda a uno de los maestros más sabios del pueblo, el maestro zen, para que este le ayudara a solucionar su vida.

 

    Cuando encontró al maestro, estaba a punto de comenzar su clase de meditación.

 

    Sin pensarlo, el alumno se incorporó a la clase sentándose en el suelo con todos los demás alumnos.

 

    El maestro entró lentamente con un cofrecito de oro en las manos, se sentó enfrente de los alumnos abrió el cofre y sacó un yapa mala, una especie de rosario que se utiliza para la meditación, se dirigió a sus alumnos y les dijo:

 

     - Vamos a comenzar sentados con la columna derecha observando detenidamente el flujo de nuestra respiración, etc, etc, etc…

 

    Pero aquel hombre ansioso no observaba su respiración, lo que observaba era aquel cofrecito de oro, estaba impresionado por aquella pieza.

 

    El maestro fue guiando la meditación mientras el nuevo alumno seguía perdido impactado por aquel cofrecito de oro.

 

    Al terminar la clase se acercó al maestro y le dijo:

 

     - Lo siento pero no pude concentrarme, maestro, al ver esa joya que tiene usted en su poder.

 

     -¿Cuál?

 

    Y él le contesta:

 

    - Ese cofre antiguo de oro, es una pieza única, valiosísima, debe costar una fortuna.

 

    El maestro le dice:

 

     - La verdad no tengo ni idea, a mí me lo regaló mi maestro que a su vez se lo regaló otro maestro y ha pasado así de generación en generación.

 

     - Es que si yo lo tuviera en mi poder solucionaría todos mis problemas, lo vendería y sería rico.- decía el alumno.

 

    El maestro se le queda mirando sorprendido, mientras el alumno desesperado no paraba de repetir que con ese cofrecito de oro solucionaría su vida entera.

 

    Entonces el maestro le dice:

 

    - Si con esto vas a solucionarlo todo, llévatelo.

 

    El alumno desaparece en ese instante con el cofre.

 

    Tiempo después el alumno vuelve y el maestro zen le pregunta:

 

    -¿Cómo estás? ¿solucionaste todos tus problemas con ese cofrecito tan valioso?

 

    Y el alumno le dice:

 

     -Vengo por algo todavía más valioso. Vengo por lo que le hizo podérmelo dar.

 

 

 

El desapego no es falta de interés por las cosas, sino la falta de implicación emocional con ellas

 

 

 

 

 

 



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