La mente

 

LA MENTE

 

 

    Podemos preguntarnos: ¿Tenemos una mente abierta o cerrada?

 

    Cuando uno se sincera y hace una reflexión profunda de su conducta, encuentra diferentes situaciones que ponen de manifiesto lo cerrados que están la mente y el corazón.

 

    Se nota especialmente cuando reconocemos que tenemos actitudes autoritarias, manipuladoras, neuróticas, que guardamos resentimientos y no somos capaces de perdonar o hay situaciones en las que no queremos ceder y por lo tanto no las podemos superar.

 

    Nos bloqueamos y estancamos y no podemos avanzar y no lo lograremos hasta que no nos permitamos tener una mente más abierta y sin tantos prejuicios.

 

    Cuando abrimos la mente nos aligeramos, nos damos la oportunidad de que las cosas sucedan de forma diferente a como está concebido de antemano.

 

    Dejamos que las situaciones se puedan vivir de otro modo, que no porque sean diferentes tienen que ser perjudiciales, al contrario, podrían ser más acertadas.

 

    Al abrir la mente aprendemos nuevos caminos y nuevas formas y no dependemos de la información que poseemos y que de alguna manera sobrevaloramos.

 

    La mente cerrada y obtusa y la cabezonería que solemos mostrar frente a determinadas situaciones está bastante relacionada con lo cerrado que está el corazón.

 

   Si no lo escuchamos, seguiremos frenando el progreso y la evolución en muchos aspectos, entre ellos el energético, pues, como bien dice la ciencia, la energía ni se crea ni se destruye solo se transforma, por lo tanto debemos mirar en qué estamos transformando nuestra energía, y no sorprendernos de lo que estamos viviendo.

 

    El origen de todo está en nuestro ego, nuestra mentalidad es tan estrecha que solo alcanza el YO (YO tengo razón, YO sé lo que es correcto,YO tengo la solución por eso YO lo decido, YO tengo el poder….) Una mente ególatra y reducida no tiene capacidad de criterio y no tiene apertura para nuevas ideas y diferentes formas de ver la vida.

 

    Y no pensemos que la mente es cuestión de abrirla en cosas que son tabú, sino en cuestiones muy normales, del día a día, como, por ejemplo; cuando tenemos que arreglar cualquier trámite o usar cualquier servicio y nos encontramos que la gente que nos atiende lo hace con desgana, con apatía, con la mente totalmente cerrada. Ni siquiera tienen una razón convincente para hacer lo que hacen simplemente se ha convertido en un hábito, en una costumbre. Y si decidimos buscar a otra persona que nos atienda es posible que actúe de la misma forma, porque “si otro no lo hace ¿por qué voy a hacerlo yo?”.

 

    Es triste pero así es como sucede, así es como nos vamos relacionando y cada vez la convivencia se hace más difícil. No tenemos una visión amplia y nos quedamos solo en la mitad.

 

    La solución pasa por entregarnos a lo que hacemos en cuerpo y alma, por crear el hábito de ser personas de calidad, por desarrollar nuestro potencial humano sin preocuparnos de si los demás lo hacen o no, y nuestro desarrollo depende en gran medida de nuestra apertura mental.

 

Encarna

El estado de tu vida no es más que el reflejo de tu estado mental

 

 

 

 

 

 

 



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