¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

 

¿ POR QUÉ NOS CUESTA TANTO CAMBIAR?

 

 

      Todo está cambiando continuamente a nuestro alrededor, los países cambian, las ciudades cambian, las personas cambian, la naturaleza cambia, las cosas materiales cambian, constantemente a nuestro alrededor todo está cambiando, en cada instante.

        

     Un minuto no es igual a otro, entonces ¿por qué nos cuesta tanto cambiar?.

        

    Mucha gente se resiste a cambios tan insignificantes como, por ejemplo, mover un mueble de lugar o deshacerse de un objeto, aunque moleste o no guste, simplemente por el hecho de que siempre estuvo allí.

       

     Esas mismas personas son las que se resisten a cambios más profundos, como cambiar determinados hábitos o su manera de pensar, cambiar de relación aceptando que la anterior se ha terminado, cambiar de vivienda, de ciudad, etc... son personas rígidas a las que también les resultará muy difícil aceptar otras culturas, otras formas de pensar y que, por tanto, sufren con cada cambio que sucede en sus vidas, porque quieran o no, estén dispuestas o no, los cambios suceden ¡¡¡siempre!!!.

       

     Hay hábitos y actitudes que nos hacen daño y en cambio los seguimos manteniendo como si estuviéramos enganchados a ellos. 

     

     Si los vemos desde una distancia nos damos cuenta de que son nocivos pero seguimos realizándolos, los usamos en automático, son patrones de conducta en los que estamos encasillados. 

       

    Por ejemplo: Quejarnos continuamente de todo y por todo, enfadarnos por cualquier cosa, hablar más de la cuenta, juzgar constantemente, dar nuestra opinión cuando nadie nos la pide, meternos en la vida de otros, sentirnos culpables por todo, etc., etc., etc…

        

    Cuando realizamos algún ejercicio físico, si estamos rígidos, inmediatamente nuestro cuerpo nos dará una señal y sentiremos dolor; al instante dejaremos de hacer el ejercicio porque puede que nos perjudique.

    

    En cambio no hacemos lo mismo con nuestro estado mental y emocional.

     

    Aunque por un instante notemos que ciertas conductas, pensamientos o hábitos son perjudiciales porque nos hacen sentir mal y digamos: “ Otra vez me he vuelto a enfadar y no quería” o “Ya me he vuelta a quejar” o “Ya estoy juzgando de nuevo y no quiero hacerlo“, no somos capaces o somos reacios a cambiar.

       

     Pero lo bueno es que, en ese instante, estamos “despiertos”, vemos qué es lo que nos está perjudicando y sentimos la necesidad de cambiarlo.

       

     Ese es el primer paso, aceptar que algo que estamos haciendo no es lo correcto porque afecta a nuestra vida y nos causa dolor. 

        

    Aceptar que es bueno cambiar, porque uno mismo también está cambiando aunque no nos demos cuenta. Hoy no somos igual que ayer ya que vamos agregando experiencias a nuestra vida que nos hacen actuar de forma diferente.

       

     El siguiente paso es tomar la decisión de cambiar la actitud para evitar que el dolor siga apareciendo en nuestra vida. 

 

     Cuando hablo de dolor me refiero al dolor emocional, ese dolor con el que, a veces,  parece que ya nos hemos acostumbrado a vivir y alguna gente hasta parece que lo echa en falta cuando no lo siente.

        

    El secreto de todo aquel que consigue un cambio en su vida es, hacer lo que sabe que tiene que hacer y dejar de hacer lo que sabe que es perjudicial, es así de sencillo y a la vez así de difícil; porque eso implica una gran fuerza de carácter para poder dejar de lado lo establecido.

        

    Eso implica un trabajo personal que requiere práctica y constancia. Y un buen comienzo es practicar la relajación o algún tipo de ejercicio que nos lleve a serenar la mente, para que esa quietud mental nos lleve a ser totalmente conscientes

 

        Dice un poema hindú: “Nuestra mente busca constantemente ir hacia afuera, cuanto más lejos llega, más se opone a sí misma”. Miremos al interior, callemos el pensamiento, tranquilicemos la mente… tranquilizar la mente, alimenta el espíritu... alimentar el espíritu nos da la fuerza y el valor para cambiar... y aceptar los cambios.

 

 

 

Encarna

 

 



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